Creatividad es la habilidad que tiene una persona hacer algo de la nada, una capacidad de producir. Esta habilidad, afirman algunos, es innata de todos, aunque en diferentes medidas.
Lo que llama mi atención es que muchos no se consideran creativos, ya sea porque su entorno se los ha hecho creer o porque ellos mismos limitan, a través de algún sistema consciente o inconsciente, su capacidad de producción. Quienes verdaderamente tienen esta capacidad desarrollada son los niños. Ellos no temen las críticas de los demás y dan rienda suelta a esta capacidad, hasta que están inmersos en el sistema educativo.
La educación como sistema, si bien tiene finalidades loables, no permite que cada niño pueda producir a gran escala conforme le vaya surgiendo de adentro. "No, ¿dónde has visto flores de ese color?" , "Esta es la forma correcta de operar la resta", "Se hace así porque yo así te lo enseñé" y un largo etcétera dan evidencia de esto. Además, investigaciones evidencian que la capacidad de producción y motivación decaen conforme los niños avanzan en el sistema escolar.
No es sorpresa entonces que a la hora de querer emprender algo, entremos en pánico y nos sintamos incapaces de crear. Pero nada más lejos de la verdad, todos podemos crear en medidas que nuestras características personales, experiencias y recursos nos lo permitan. Lo importante es animarse, aunque uno falle. Muchas veces, por no decir la mayoría, los mejores inventos han ocurrido gracias a la perseverancia de las personas y a su forma peculiar de percibir y reaccionar sobre su entorno.
Lo importante es pensar que podemos, y no dudar en nuestra capacidad para crear, así se contagia el mundo.
Les dejo una reflexión acerca del paradigma de la educación y el caso del fundado de Lego, toda una mente creativa.
Cambiando paradigmas
La historia de Lego
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